JJCUSTODIO

Apuntes diarios de mi vida personal y profesional.

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Y las lágrimas rodaron por nuestras mejillas

Posted by jjcustodio en octubre 8, 2012

SanCarlos01   Ya estaban anunciando nuestra  entrada, habían desfilado 39 promociones y faltaban las dos últimas, las dos promociones con las cuales las monjas iniciaron el colegio. Nuestros padres las llamaban “Las Madrecitas”, los jóvenes de esos tiempos “Las Monjas” y para nosotros niños en ese entonces, eran “The Sisters”. Vinieron desde muy lejos, San Juan de Terranova-Canadá y fundaron el colegio “Our Lady of Mercy” que después se llamó “La Misericordia” y posteriormente “San Carlos”.

Era el desfile por los 50 años de fundación de nuestro colegio. ¡Nuestros hermanos mayores.. se hacen presente! anunciaba por los parlantes Felipe, otro ex alumno, que emocionado lograba trasmitir a todo el público que se encontraba abarrotado mirando el desfile, todo el sentimiento de nostalgia,alegría,orgullo, amor y agradecimiento a la Congregación Canadiense de las Hermanas de la Misericordia que en el año 1960 llegaron a Monsefú y fundaron nuestro colegio. La banda empezó a tocar más intensamente, las tarolas redoblaban y las trompetas sonaban enérgicas, el picadillo,los globos y  las bombardas anunciaban nuestro paso.

Todas las promociones se habían reencontrado y habían recordado esos hermosos momentos de nuestra infancia, volvíamos a sonreír recordando las travesuras y  palomilladas de cada uno de nosotros, que ahora canosos y calvos nos encontrábamos desfilando. Por fracciones de segundo nos sentíamos niños llevando nuestro clásico uniforme de camisa blanca,pantalón y corbata azul, marcando el paso, con la mirada al frente sin poder mirar a los costados por temor a la mirada severa de nuestras profesoras.

¡Con Ustedes la Promoción 1972 y la Promoción 1971! ¡Nuestro hermanos mayores!…Empezamos a desfilar por el corredor del tiempo, a los costados la gente, los amigos, nuestros conocidos gritaban nuestros nombres,algunas señoras lanzaban arroz, papel picado, nos aplaudían. Pude ver el rostro de gente mayor que trabajó con las Monjas,  de familiares de otros ex alumnos que por muchos motivos no pudieron estar en el desfile, gente  que nos conocían  desde niños que emocionados también por el momento que se vivía soltaban sus lágrimas de emoción, quizá recordaban también su juventud.

Nuestros corazones latían fuertemente, la emoción nos embargaba, la garganta se nos hacía un nudo..¡pero si era solamente un desfile!.. al pasar por el estrado giramos y nos quedamos unos minutos saludando mientras por los altoparlantes se escuchaban nuestros nombres y de fondo el himno del colegio. En el estrado pudimos ver a nuestros queridos profesores que con lágrimas en los ojos nos aplaudían y en especial vimos a Madre Alicia, Madre Elizabeth y Madre Inmaculada con los ojos llenos de lágrimas nos aplaudían intensamente…¡Eran sus niños los que desfilaban!.

La emoción fue muy intensa, las lágrimas rodaron por nuestras mejillas el resto del desfile. Al final nos abrazamos, dimos gracias a Dios por estar vivos y llenos de salud y prometimos reunirnos nuevamente para los ….100 años.

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Después de la tempestad… vino la calma

Posted by jjcustodio en enero 31, 2012

 

Navegando con vikingos

Santa Rosa 01aEra una noche muy oscura. la lancha se movía de un lado para otro, el viento soplaba fuertemente formando grandes olas que golpeaban la proa, popa, babor y estribor. Sentado en el extremo de la proa asido de los templadores veía a los pescadores que se desplazaban de un lado para otro entre gritos de alegría y de felicidad…. la pesca estaba buena. La lancha avanzaba golpeando las olas y en cada golpe se elevaba por los aires, caía de golpe y se volvía a elevar. Ya llevaba varios días pescando con ellos y ya no me mareaba. Todos gritaban persiguiendo al cardumen. Era una noche oscura, se veía una mancha brillante que se deslizaba en la superficie del mar, “la ardentilla” le dicen. La pesca es mejor cuando todo está oscuro, cuando no hay luna, porque pueden ubicar de lejos al pescado identificando la ardentilla. Lanzaban la boya al mar y ésta arrastraba  el boliche, aceleraban el motor y rodeaban al cardumen tratando de abarcar la mayor cantidad de éste, luego recogían la boya, colocaban la soga que la sostenía en el winche y éste empezaba a recoger, cerrar y levantar  el boliche. En estos momentos la lancha se movía frenéticamente de un lado para otro, el viento, las olas, la fuerza del motor, hacía que la lancha parecía  un barquito de papel merced a la fuerza de la naturaleza. Temía que en cualquier momento uno de ellos se podía caer al mar. Yo no podía mantenerme de pie … sentado en el extremo de la proa, fuertemente agarrado de los templadores  contemplaba absorto todo el movimiento y el trajín de los pescadores. Me sentía un vikingo. Terminaban de subir el boliche y nuevamente emprendían la persecución del pescado. La lancha subía y bajada por el golpe de las olas, el ruido del motor era frenético, el viento me golpeaba fuertemente el rostro… ¡Allá está la ardentilla! gritaba el probero . El patrón de lancha enrumbaba la embarcación en esa dirección. Nuevamente la lancha se desplazaba a través de las olas. el golpe de éstas en el casco hacía que el agua nos estallara en el rostro y en el cuerpo, nadie se cubría, todos perseguían al pescado con sus cinco sentidos.

Después de varias horas de pesca, eran las 3 de la mañana,  y cuando en la bodega ya no alcanzaba más bonito, se escuchó el ansiado “¡Ya basta!… Tenemos suficiente …Vamos a descansar°. Todos empezaron a sacarse las ropas húmedas y colocarse ropas secas y a buscar su ubicación en el caperol para dormir, un tablón en la bodega al costado del motor. Se dormía entre costalillos de ropa y mantas que servían de colchón, uno al lado del otro ó uno cruzado con el otro. Yo por ser invitado y amigo del patrón tenía un sitio preferencial, me ubicada en el extremo de ese enjambre de brazos, piernas y cuerpos, unos al lado del otro  que intentaban dormir. Dormí entre el ruido infernal del motor, el olor de la gasolina y el olor del pescado… pero que sueño para tan placentero tuve esa noche.

Horas después la brisa fría del mar me despertó, todo era claro y  silencio, la embarcación apenas se balanceaba en su rumbo a la caleta. Me desplacé como pude entre todos los cuerpos de los pescadores que dormían y salí a cubierta. Me quedé maravillado de lo que vi. La lancha se desplazaba sobre  una inmensa planicie azul en la que no se formaba ni la más mínima ola, daba la sensación que se deslizaba sobre una inmensa autopista azul. Apenas una horas antes en plena oscuridad se había sacudido como un barco de papel. Me senté en el borde la bodega y con la punta de mi dedo índice pude tocar la superficie del mar y empecé a dibujar figuras zigzagueantes que se iban perdiendo a medida que la lancha avanzaba. Comprobé lo que dice el refrán…. “ Después de la tempestad… viene la calma”.

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Navegando con vikingos

Posted by jjcustodio en julio 11, 2011

PescadoresNo tienen muelle por lo que tienen que empujar a puro hombro sus pesadas embarcaciones de madera de doce metros de eslora y cuatro metros de manga, pesan un promedio de  tres toneladas y su bodega tiene tienen una capacidad de hasta doce toneladas. Colocan sus espaldas al costado de la embarcación y al grito  ¡Hum! ¡Hum! empiezan a empujar, tanto para hacerse a la mar como para guardar sus embarcaciones en la orilla. Unos maderos redondos, los polines, que son colocados debajo de la lancha a medida que avanza los ayuda a desplazarla. Si tienen suerte y dinero los ayuda un tractor.

Cuando navegué con ellos sus condiciones eran muy precarias, algunas embarcaciones no tenían radio, el botiquín de primeros auxilios solo lo exhibían para la inspección anual, dormían tirados en la cubierta o en las panetas, maderas al costado del motor. El ruido infernal de éste los arrullaba y el olor a la gasolina y el  penetrante olor a pescado los adormecía. Tampoco había espacio para un baño, sus necesidades fisiológicas las realizaban al borde de la embarcación. Sus instrumentos de orientación son el el sol, el viento, las estrellas, las aves y su intuición.

Trabajan en las condiciones más incómodas y penosas que pude experimentar pero a pesar de ello la alegría, la bondad y la confraternidad eran sus características. La braveza del mar y los fuertes vientos los embravecía y la tranquilidad de un amanecer en un mar aletargado los tranquilizaba. Forjan sus personalidades a golpe de olas, vientos y soledad en esa inmensa grandeza del mar. Fue la única vez en que experimenté “soledad” en grupo, cuando en los 4 puntos cardinales solamente veía mar, mar y mar y nuestra embarcación era la única que se desplazaba.

Estos pescadores de Santa Rosa son descendientes de los bravos marinos que vinieron con el mítico guerrero Naylamp en sus caballitos de totora a las costas de Lambayeque , pero las grandes embarcaciones de pesca los llaman Los Vikingos por lo valientes que son de salir al mar en esas condiciones.

Me fui a la aventura y estuve pescando con ellos durante tres meses, para mi era una diversión, una experimentación, una vivencia que la iré relatando en varias crónicas.

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