JJCUSTODIO

Apuntes diarios de mi vida personal y profesional.

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Nos vemos en el año 2000

Posted by jjcustodio en febrero 26, 2018

Diciembre 1983

PROMOCION '73 UNT. FOTO 1983Habíamos conversado muchas veces sobre este día y el día aciago llegó. Era el día de nuestra despedida. Conversábamos nerviosos con la angustia reflejada en el tono de nuestras voces y con la mirada perdida más allá de la alameda que rodeaba la facultad como queriendo ver lo que nos esperaba en el futuro. Bromeábamos, nuestras risas eran nerviosas, las bromas nunca más las íbamos a disfrutar igual. Era el último día que íbamos a estar juntos como amigos de facultad, el último día de un: “Nos vemos en la facultad”. Era el año 1983 y habíamos terminado nuestros estudios de medicina y cada uno ya tenía su norte trazado. Salíamos a hacer el SERUM y luego … ¿Quién sabe?… Trabajar en una clínica o en un hospital como médicos generales y luego intentar la residencia para hacer nuestra especialidad. Entre las bromas sobre nuestro futuro, Hugo sacó un papel y nos dijo: “Hagamos una promesa de volvernos a juntar todos los que estamos aquí reunidos en el año 2000 a la misma hora y en el mismo día. Un silencio abrumador nos invadió, nuestros corazones se detuviero, pensábamos… ¡De aquí a 17 años! Tragamos saliva angustiados pensando en el éxito o en fracaso de nuestras vidas ¡Claro! ¡Buena idea! Roberto rompió el silencio pero el nudo en la boca del estómago y el escalofrío en nuestras espaldas se hizo más intenso.¡ Marcial dijo–¡Si estaremos vivos! …, todos reímos. Pusimos como testigo al señor Tiempo y firmamos el papel. Eran las 12 del día del 20 de diciembre de 1983. Nos abrazamos fuertemente… ¡Lágrimas!¡No!… éramos machos…¡Chao Hugo!… ¡Chao Roberto! ..¡Escriban! ¡Llamen por teléfono! ¡Chao Juancho! ¡Chao Chito! ¡Chao Cañuro! Los abrazos continuaban… ¡Chao Lucho! ¡Chao Clovis! ¡Nos vemos en el año 2000! Partimos hacia los cuatro puntos cardinales y el señor Tiempo se quedó contemplándonos con una sonrisa en sus labios y susurrándonos a nuestros oídos. ¡Suerte muchachos!

Al día siguiente, con nuestros sueños a cuestas, abordamos el barco que nos llevó a través de la temible y feroz tempestad de los años. La proa subía y bajaba, el barco se meneaba a babor y estribor. Las temibles olas nos golpeaban ferozmente queriendo tumbarnos, algunas nos fortalecían otras nos debilitaban, pero nosotros continuábamos asidos a los mástiles o a cualquier aparejo de la cubierta… las olas del matrimonio, los hijos, el divorcio, el fujishock, el desempleo, las deudas, enfermedades, el cáncer, nos golpeaban y nos robaron algunos de nuestros sueños. Vimos a algunos amigos de la promoción caer, los del grupo firmante continuábamos en la brega. Hugo y Lucho fueron los únicos que se dieron cuenta que la ola del año 2000 se venía encima nuestro y no tuvieron tiempo de avisarnos, estábamos luchando para mantenernos en pie. La ola nos envolvió, nos golpeó, nos tumbó, pero no nos sacó de la nave, la tempestad continuó. 2001, 2002,2003…. Las olas continuaron golpeándonos.

En el 2008, veinticinco años después la tempestad amainó, la tranquilidad volvió, pudimos reunirnos, golpeados, canosos, arrugados, adoloridos y aún cargando algunos sueños. Este año 2018, treintaicinco años después nos volveremos a reunir, ya no hay tempestad, el mar esta muy tranquilo y la nave continúa su viaje, ya los sueños no son nuestros, son de nuestros hijos. Nosotros disfrutamos la calma y la paz del guerrero después de la batalla, seguimos en la nave esperando y sin saber el año ni el puerto en el que nos tocará bajar.

Pasó el año 2000, no lo sentimos, no nos dimos cuenta… no nos reunimos.

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Cuando Dios nos da habilidades en momentos dramáticos

Posted by jjcustodio en noviembre 20, 2011

Jesús y CirujanoUn niño de 4 años  jugando con una pulsera en su boca, la había aspirado y se le había ido a los bronquios. Llegó a a emergencia del hospital asfixiándose, con los labios morados por la falta de oxígeno, el padre le daba respiración boca a boca, su madre y familiares lloraban desesperados.   Inmediatamente fue llevado a sala de operaciones ante la angustia de sus padres y del personal paramédica. Todo el mundo gritaba. Era un niño que se estaba asfixiando, se estaba muriendo. En Sala de operaciones apenas tuvimos tiempo para la asepsia y antisepsia de rigor. Vi la radiografía de Tórax, la pulsera estaba montada en la Carina, en ambos bronquios. Se le vació encima alcohol se cubrió con campos estériles. Abrí el tórax desesperado, el corazón apenas latía y en cualquier momento hacía un paro cardiaco. La luz que iluminaba el campo operatorio era mala, apenas veía. Ubiqué el lugar del bronquio, hice un pequeño corte y ahí  palpaba el bronquio. Alrededor del bronquio hay arterias y venas gruesas, si las lesionaba el niño se podía morir por sangrado. Normalmente nos demoramos unos 30 minutos, separando suave y delicadamente las arterias y las venas para tener el bronquio completamente libre y poder cortarlo y  operar en él. El niño hizo paro cardiaco, inmediatamente presioné el hilio que contenía al bronquio con los vasos, palpé el bronquio y casi a oscuras hice el corte con el bisturí sobre el bronquio. Metí una pinza y saqué la pulsera. Inmediatamente empecé a darle masaje cardiaco directo, los bronquios libres del cuerpo extraño  expandieron los pulmones, la sangre se empezó a oxigenar y el corazón empezó a latir normalmente. El niño se había salvado.

¡Que fuerza extraña me hizo tomar esa decisión tan temeraria de meter la mano a la cavidad pleural  con el bisturí en mis dedos  y a tientas y a oscuras  cortar el bronquio!. El personal paramédico se maravilló por lo sucedido, los colegas que no eran de la especialidad me felicitaban..¡Que bueno que es Ud. Doctor! me decían. Al día siguiente cuando presenté el caso los colegas de mi especialidad! me dijeron : ¡Estás loco!¡Como te atreviste a cortar el bronquio a oscuras! Si hubieras errado un milímetro hacia adelante o hacia atrás hubieras pasado de héroe a villano. estarían diciendo que se murió por el sangrado que provocaste y  que tú lo mataste!. Tenían razón.

Igual sensación la experimente con una señora que tenía un taponamiento cardiaco, su corazón no podía latir aprisionada entre la membrana que cubre al corazón  y el líquido que se había formado por la insuficiencia renal crónica. Se desesperaba y se angustiaba porque no podía respirar y porque su corazón apenas podía latir . Al pasarla a la mesa de operaciones hizo paro cardiaco. Inmediatamente hice un corte con el bisturí  en el tórax, metí una pinza larga atravesando piel, grasa y músculos hasta romper la membrana que tenía presionando al corazón. Salió abundante líquido sanguinolento. Pasamos a darle masaje cardiaco y no respondía. A los 15 minutos de maniobras de resucitación, cuando ya el pesimismo nos había invadido, el corazón empezó  a latir.

Igual que en caso anterior, si me hubiera pasado unos cuantos milímetros más adelante hubiera perforado el corazón y los familiares me hubieran acusado por haber matado a su madre. Hoy estuviera en los titulares  de los periódicos  acusado de negligencia médica.

Muchos cirujanos nos enfrentamos diariamente a situaciones parecidas en las que una rápida e instantánea maniobra salvará la vida del paciente o acelerará su muerte.

¿Que fuerza extraña me impulsó a realizar estas temerarias acciones? Aún hoy siento escalofríos cuando recuerdo que pude realizar estos procedimientos sin complicaciones. Me puedo jactar y  vanagloriar  que pude realizar estas operaciones gracias a mi experiencia como cirujano, pero es todo al contrario, el frio razonamiento de la experiencia me dijo…¡No te atrevas a hacer eso!.

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