JJCUSTODIO

Apuntes diarios de mi vida personal y profesional.

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Un día en Monsefú de los años 60

Posted by jjcustodio en septiembre 6, 2012

¡Agua! ¡Agua! Se escucha a lo lejos los gritos de Don Altidoro . Su inmensa figura es inconfundible en el pueblo, parece un luchador de Sumo, un hombre moreno, fornido, barrigón y con el cabellos amarrado hacia atrás. ¡Agua!¡Agua! continúa gritando mientras avanza por las calles del pueblo vendiendo agua en pipas, montado en una carreta que es jalada por una mula.

Sus gritos me hacen recordar que mi madre me dijo que limpiara las tinajas para comprar agua. Voy corriendo a mi casa. “Te dije que limpiaras las Tinajas” expresa mi madre mientras chancaba los ajos en el batán. Empiezo a limpiarlas. Las inclino un poco para sacar el conchito que quedaba y al botarlo me doy cuenta que hay gusarapas Me quedo mirándolas y jugando con ellas. Los gritos de Don Altidoro son cada vez más cercanos, salgo a la calle y le pido cuatro pipas de agua. “¿Como está la acequia don Altidoro?”Está a full, coloradito” me responde. “Está buena para que te vayas a bañar con tu collera ”. Hoy es sábado, los adulos están relajados y tengo algo de permiso “un permiso no autorizado” para divertirme. Arturo. Nino, Angel, los michos y los Pazos discutimos donde ir a bañarnos: a la toma De Sierra, a la toma del Pato o al Palmo, al final decidimos ir a la Toma de Sierra.. Por las calles nos topamos con la Banda de Foncho que alegremente acompaña a San Cirineo, patrón de la familia Gonzales, cuatro cargan al santo mientras que atrás todos lo devotos se van al almuerzo que ofrece la mayordoma mayor. Camote y Mamuche, los coheteros oficiales del pueblo corren de esquina en esquina reventado los cohetes.

Por un costado de la calle y dejando atrás a la procesión pasa Pichana, con todos los Diablos azules encima, gritando y vociferando

Baño en la Compuerta

mientras dos policías lo llevan casi arrastrando a la comisaría. Nos detenemos a mirarlo con miedo, cuando está borracho agrede y se le da por pelear con todo el mundo ¡Miren! ¡Miren muchachos! Como me llevan mis mujeres! Grita Pichana mientras los ´policías lo golpean por todo el cuerpo.

Dejamos atrás al pueblo y nos cruzamos con Chollo, el loquito del pueblo. Angel le tira una piedra y Chollo nos empieza a correr. Corremos, corremos entre risas y miedo..Chollo no es agresivo pero no sabemos que nos haría si nos coge. Seguimos corriendo a la toma de Sierra como no queriendo que los otros muchachos nos ganen el sitio., queremos ser los primeros en bañarnos. No hay bronceador, ni toallas. La arcilla que se nos pega al cuerpo hace de bronceador, las pichanas hacen de flotadores y las toallas son nuestra propia ropa. No hay temor a agua contaminada ni a enfermedades, Son los años del 60 al 70, el río, las acequias, el mar y las chacras son nuestra diversión.

Nos causa gracia encontrarnos en el camino a la acequia a Úrsula, la oligofrénico del pueblo, la fastidiamos y nos burlamos de ella, es la novia de cualquiera de nosotros cuando queremos ridiculizarnos..

Somos los primeros en la acequia, el agua se ve maravillosa, pasa rosando el tronco que sirve de toma a los agricultores cuando quieren represar el agua para regar. Está a full! Este tronco se convierte en nuestro trampolín y desde allí empezamos a lanzarnos al agua. Nuestra imaginación de niños nos hace ver el agua enorme, extensa, bella, hermosa, deliciosa cuando en realidad está turbia, sucia con pajas y pequeñas ramas de troncos. Gritamos, saltamos, hacemos apuestas quien nada más rápido…. todo es diversión, alegría, inocencia. Una hora después sentimos hambre y Arturo propone ir a robas frutas. Ángel informa que en la charra de enfrente

Caminos de mi pueblo

hay camote. Tomamos la decisión vamos a robar camotes. Lentamente, agazapándonos nos introducimos a la chacra y empezamos a sacar camotes, otros se dedican a cosechar ciruelas. De pronto un grito ¡Ay.. que hacen allí! nos pone los pies en polvorosa. Salimos corriendo con nuestro botín y nos dirigimos a nuestro cuartel general, la Toma de Sierra. Traemos troncos y pajas secas, hacemos fuego e introducimos los camotes y nuevamente nos arrojamos a la acequia a continuar bañándonos. ¡Un submarino! ¡Un submarino! grita José.. es una moñiga de vaca que flota en la superficie del agua, todo el mundo se sumerge y pasa por debajo de ella apareciendo las cabezas más adelante arrojando agua por la boca. Minutos después alquien grita “Ya están los camotes”, salimos desesperados por el hambre que nos devora y cada uno saca un camote con la punta a de un palo seco; Dulces, calientes, suavecitos y deliciosos. ¡Que deliciosos que eran los camotes asados en el campo!

Volvemos al pueblo entre empujones, risas y burlas, a medida que nos vamos acercando a nuestras casas la alegría y la sonrisa de haber pasado un hermoso día en nuestro balneario “La toma de Sierra” se va perdiendo. Algunos nos hemos ido a bañar sin permiso y probablemente nos reciba un “¡Donde has estado!…¡Pasa pa´dentro! Ya me las vas a pagar.. Vas a ver!

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El gol de mi hijo

Posted by jjcustodio en mayo 2, 2008

El partido estaba bien disputado, 22 niños corrían de un lado para otro, todos intentando marcar al rival quitarle el balón y dirigirse al arco rival para anotar. Se sentía el jadeo, el sudor corría por sus frentes, sus espíritus aguerridos querían impresionar a sus padres que en las tribunas los alentaban. Eran niños de 11 años. Se enfrentaban el colegio SANTO TORIBIO  y el COSOME, ninguno quería perder. Los entrenadores gritaban dándoles instrucciones, las barras, padres de familia y familiares gritaban alentándoles.. ¡Si se puede! ¡Si se puede!. Se vivía un clima de emociones intensas. El partido continuaba cero a cero, los arqueros estaban tapando muy bien, el arquero del Santo Toribio había detenido varias pelotas que fueron gritadas como gol. Los delanteros pateaban al arco constantemente y los gritos de gol se ahogaban en las manos de los arqueros. Uno de los 2 equipos tenía que ganar para pasar a la siguiente fase. De pronto José, jugador del COSOME, lanza un potente disparo, segundos de angustia, el arquero del Santo Toribio vuela a coger la bola, va muy fuerte el balón, se le escapa de las manos y en forma angustiosa ve como el balón ingresa al arco. Estalla el grito de gol, una tribuna grita, todos se abrazan, mitad de los jugadores se felicitan. José, orgulloso corre de un lado para otro gritando su gol… ¡Es el héroe del partido! La otra mitad en silencio, el arquero mordiendo el grass llora en silencio, se siente culpable del gol. Faltaban escasos minutos para que terminara el partido, no se quiere levantar, está tirado en el grass llorando. La tribuna comprende su dolor y empieza a gritar: ¡Alonso! ¡Alonso ! ¡Alonso!. Lentamente se fue levantando, con la cabeza gacha y lágrimas en sus ojos. Ver esas lágrimas en sus ojos desgarró mi corazón. Alonso era mi hijo.

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