JJCUSTODIO

Apuntes diarios de mi vida personal y profesional.

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Para dejar de fumar

Posted by jjcustodio en febrero 12, 2018

 

luna plateada2

Artista: Rita Camphuijsen

Febrero 1982

Sentado en la cubierta de la pequeña embarcación de apenas 8 metros de eslora contemplaba la inmensidad del mar, un inmenso manto en cuyos 4 puntos cardinales solamente veía agua, agua y más agua.

Eran las 4 de la mañana, el resto de la tripulación dormía, yo meditaba. Mi mirada se perdía a lo lejos en un punto imaginario del horizonte. Mis pensamientos fluían libremente en ese inmenso campo abierto pero por momentos el silencio telúrico de la soledad me aplastaba y era el frío lo que me daba la certeza de mi soledad.
Pensaba que apenas una semana atrás, abordo de la misma embarcación, había afirmado que no había placer más hermoso como el de fumarse un cigarrillo en alta mar. Pero esa noche, una luna redonda, plateada y brillante como una joya recién trabajada, fulguraba en lo alto del cielo, por los 4 costados mar, mar y mar, inmenso mar cuya superficie había sido teñida de un color azul plateado que centelleaba haciéndome entornar los ojos. La belleza de esa noche sobre el piélago me había enajenado y enmudecido, respiraba paz, tranquilidad, hermosa soledad. Soplaba un viento suave, la lancha se balanceaba pausadamente, el chas chas de las olas sobre la quilla era apenas perceptible. La brisa fresca e invisible jugaba con mis cabellos y acariciaba mi rostro, mi mirada fija y perdida allá a lo lejos en cualquier punto entre el mar y el cielo. Apenas parpadeaba por temor a perder un segundo de contemplación. Intentaba grabar con fuego en mi memoria esa emoción y esa belleza natural.
Rasgué el sello de la cajetilla que tenía entre mis manos, saqué un cigarrillo y me disponía a encenderlo, pero de pronto, dentro de mi anonadamiento, apareció un pensamiento demoledor que me produjo un cataclismo espiritual…”¡Cómo un ser insignificante como yo… se atreve a contaminar esta hermosa y pura naturaleza!. Por varios segundos miré fijamente al cigarro y con la tranquilidad de un verdugo lo destruí entre mis dedos. El instante era muy hermoso para envenenarlo.

Hace 36 años tuve esta experiencia y desde entonces nunca más volví a fumar.
Crónica publicada en el 2005 en mi blog “Sucedió así”.

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Un día en Monsefú de los años 60

Posted by jjcustodio en septiembre 6, 2012

¡Agua! ¡Agua! Se escucha a lo lejos los gritos de Don Altidoro . Su inmensa figura es inconfundible en el pueblo, parece un luchador de Sumo, un hombre moreno, fornido, barrigón y con el cabellos amarrado hacia atrás. ¡Agua!¡Agua! continúa gritando mientras avanza por las calles del pueblo vendiendo agua en pipas, montado en una carreta que es jalada por una mula.

Sus gritos me hacen recordar que mi madre me dijo que limpiara las tinajas para comprar agua. Voy corriendo a mi casa. “Te dije que limpiaras las Tinajas” expresa mi madre mientras chancaba los ajos en el batán. Empiezo a limpiarlas. Las inclino un poco para sacar el conchito que quedaba y al botarlo me doy cuenta que hay gusarapas Me quedo mirándolas y jugando con ellas. Los gritos de Don Altidoro son cada vez más cercanos, salgo a la calle y le pido cuatro pipas de agua. “¿Como está la acequia don Altidoro?”Está a full, coloradito” me responde. “Está buena para que te vayas a bañar con tu collera ”. Hoy es sábado, los adulos están relajados y tengo algo de permiso “un permiso no autorizado” para divertirme. Arturo. Nino, Angel, los michos y los Pazos discutimos donde ir a bañarnos: a la toma De Sierra, a la toma del Pato o al Palmo, al final decidimos ir a la Toma de Sierra.. Por las calles nos topamos con la Banda de Foncho que alegremente acompaña a San Cirineo, patrón de la familia Gonzales, cuatro cargan al santo mientras que atrás todos lo devotos se van al almuerzo que ofrece la mayordoma mayor. Camote y Mamuche, los coheteros oficiales del pueblo corren de esquina en esquina reventado los cohetes.

Por un costado de la calle y dejando atrás a la procesión pasa Pichana, con todos los Diablos azules encima, gritando y vociferando

Baño en la Compuerta

mientras dos policías lo llevan casi arrastrando a la comisaría. Nos detenemos a mirarlo con miedo, cuando está borracho agrede y se le da por pelear con todo el mundo ¡Miren! ¡Miren muchachos! Como me llevan mis mujeres! Grita Pichana mientras los ´policías lo golpean por todo el cuerpo.

Dejamos atrás al pueblo y nos cruzamos con Chollo, el loquito del pueblo. Angel le tira una piedra y Chollo nos empieza a correr. Corremos, corremos entre risas y miedo..Chollo no es agresivo pero no sabemos que nos haría si nos coge. Seguimos corriendo a la toma de Sierra como no queriendo que los otros muchachos nos ganen el sitio., queremos ser los primeros en bañarnos. No hay bronceador, ni toallas. La arcilla que se nos pega al cuerpo hace de bronceador, las pichanas hacen de flotadores y las toallas son nuestra propia ropa. No hay temor a agua contaminada ni a enfermedades, Son los años del 60 al 70, el río, las acequias, el mar y las chacras son nuestra diversión.

Nos causa gracia encontrarnos en el camino a la acequia a Úrsula, la oligofrénico del pueblo, la fastidiamos y nos burlamos de ella, es la novia de cualquiera de nosotros cuando queremos ridiculizarnos..

Somos los primeros en la acequia, el agua se ve maravillosa, pasa rosando el tronco que sirve de toma a los agricultores cuando quieren represar el agua para regar. Está a full! Este tronco se convierte en nuestro trampolín y desde allí empezamos a lanzarnos al agua. Nuestra imaginación de niños nos hace ver el agua enorme, extensa, bella, hermosa, deliciosa cuando en realidad está turbia, sucia con pajas y pequeñas ramas de troncos. Gritamos, saltamos, hacemos apuestas quien nada más rápido…. todo es diversión, alegría, inocencia. Una hora después sentimos hambre y Arturo propone ir a robas frutas. Ángel informa que en la charra de enfrente

Caminos de mi pueblo

hay camote. Tomamos la decisión vamos a robar camotes. Lentamente, agazapándonos nos introducimos a la chacra y empezamos a sacar camotes, otros se dedican a cosechar ciruelas. De pronto un grito ¡Ay.. que hacen allí! nos pone los pies en polvorosa. Salimos corriendo con nuestro botín y nos dirigimos a nuestro cuartel general, la Toma de Sierra. Traemos troncos y pajas secas, hacemos fuego e introducimos los camotes y nuevamente nos arrojamos a la acequia a continuar bañándonos. ¡Un submarino! ¡Un submarino! grita José.. es una moñiga de vaca que flota en la superficie del agua, todo el mundo se sumerge y pasa por debajo de ella apareciendo las cabezas más adelante arrojando agua por la boca. Minutos después alquien grita “Ya están los camotes”, salimos desesperados por el hambre que nos devora y cada uno saca un camote con la punta a de un palo seco; Dulces, calientes, suavecitos y deliciosos. ¡Que deliciosos que eran los camotes asados en el campo!

Volvemos al pueblo entre empujones, risas y burlas, a medida que nos vamos acercando a nuestras casas la alegría y la sonrisa de haber pasado un hermoso día en nuestro balneario “La toma de Sierra” se va perdiendo. Algunos nos hemos ido a bañar sin permiso y probablemente nos reciba un “¡Donde has estado!…¡Pasa pa´dentro! Ya me las vas a pagar.. Vas a ver!

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