JJCUSTODIO

Apuntes diarios de mi vida personal y profesional.

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El Bodegón de las cebollas

Posted by jjcustodio en agosto 31, 2011

     Alemania en la post guerra, en un rincón de Berlín se encontraba el Bar-Restaurante “El Bodegón de las cebollas”  en el que el único  plato que se servía  era un plato de cebollas. Si alguien quería comer algo diferente tenía que irse a otro lugar. Pese a eso era un lugar muy concurrido. Los parroquianos empezaban a conversar y a libar licor y con un fondo musical de una orquesta de Jazz la gente empezaba a divertirse.

Cuando el dueño, el Sr. Schmuh, creía conveniente hacía su aparición y ante la expectativa de todos exclamaba ¡Cuando gusten, señoras y señores!. Inmediatamente la gente empezaba a pelar y  cortar las cebollas hasta que el jugo ” lograba lo que el mundo y el sufrimiento de este mundo no lograban: lágrimas redondas y humanas.Allí se lloraba, se lloraba, por fin, de nuevo. Se lloraba con decencia, sin reservas, se lloraba abiertamente. Corrían las lágrimas y lo arrastraban todo. Allí caía la lluvia, allí caía el rocío” . Liberado este sentimiento y bajo efectos del alcohol y la música empezaba la diversión frenética, con llanto incluido  que podía terminar en una orgía desenfrenada. Eran las lágrimas de la  “Alemania derrotada,triste, gris y humillada a la que se le habían secado las lágrimas.”  

Original Restaurante descrito en “El Tambor de Hojalata” de Gunther Grass.

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El humor negro de Gunther Grass

Posted by jjcustodio en junio 24, 2011

GuntherGunther Grass, premio nobel de literatura en 1999 poseía un “humor negro y rabioso”. En su famosa novela El tambor de Hojalata describe en estos términos el incendio de la ciudad de Danzig durante el bombardeo ruso en la segunda guerra mundial:

“…la puerta de la Grúa era de madera y ardió en una forma especialmente bella. En el pequeño Callejón de los Pantaloneros el fuego se hizo tomar medidas para varios pantalones llamativamente chillones. La Iglesia de Santa María ardió de adentro, afuera y, a través de sus ventanas ojivales, mostraba una iluminación festiva. En el Molino Grande molieron trigo rojo. En el Callejón de los Carniceros olió a asado de domingo quemado. En el Teatro Municipal se estrenó “Los sueños del Incendiario”, una pieza ambigua de un solo acto. La Calle del Espíritu Santo ardió en nombre del Espíritu Santo. El convento de los franciscanos ardió alegremente en nombre de San Francisco que amaba y cantaba al fuego. La calle de Nuestra Señora se incendió al mismo tiempo por el Padre y por el Hijo. No hace falta decir que ardieron los mercados de la madera, el carbón y el heno. En la calle de los Bancos de Pan los panecillos no salieron del horno. En la de los Cántaros de Leche, la leche, al hervir, se desbordó. Solo el edificio de la Compañía de Seguros contra incendios de la Prusia Occidental, por razones puramente simbólicas se resistió a arder. “

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